La persistencia del petróleo Brent por encima de los 100 dólares el barril ha reavivado los temores inflacionistas y las expectativas de que los bancos centrales mantengan los tipos de interés elevados durante más tiempo. A este escenario se añaden el elevado endeudamiento público y las crecientes necesidades de financiación de las empresas, especialmente las vinculadas a las inversiones en inteligencia artificial.
Descorrelación mercado de bonos y divisas
Esta situación está alterando la relación tradicional entre los mercados de deuda y las divisas. Un aumento de las rentabilidades de los bonos ya no se traduce necesariamente en una apreciación de las monedas, puesto que responde principalmente a los riesgos inflacionistas y fiscales, y no a unas mejores perspectivas de crecimiento económico.
En este contexto, el dólar se beneficia de su condición de activo refugio y de la posición de Estados Unidos como exportador neto de energía, mientras que las divisas emergentes sufren las consecuencias del encarecimiento de la financiación y de la salida de capitales.
Incertidumbre presupuestaria francesa y euro
En Europa, la incertidumbre presupuestaria francesa añade presión sobre el euro, después de que el diferencial de rentabilidad entre la deuda francesa y alemana a diez años alcanzase máximos desde la crisis de la eurozona de 2011. No obstante, el riesgo de contagio es limitado y mantiene una visión moderadamente optimista sobre la moneda única.
Una resolución efectiva del conflicto iraní que permita una caída sostenida del petróleo podría favorecer una recuperación de los bonos y una corrección del dólar, cuyo reciente fortalecimiento considera cada vez más vulnerable a un cambio de escenario.
