La estadística histórica respalda la posibilidad de un cierre de año positivo para la bolsa estadounidense, especialmente cuando el S&P 500 llega a finales de septiembre con ganancias acumuladas de entre el 10% y el 20%, como sucede este ejercicio. En esas circunstancias, el índice ha terminado el último trimestre en positivo en casi el 86% de las ocasiones desde 1950.
Sin embargo, conviene recordar que la historia no garantiza el futuro. Los mercados atraviesan un momento de transición marcado por el regreso de las subidas de tipos de interés, una inflación más resistente de lo esperado y un mercado cada vez más polarizado entre los grandes valores tecnológicos y el resto de sectores.
La fortaleza de las compañías vinculadas a la inteligencia artificial ha sostenido gran parte de las ganancias anuales, mientras que sectores más sensibles al encarecimiento del dinero, como el inmobiliario, el financiero o el consumo, muestran mayores dificultades. Este desequilibrio plantea una pregunta clave para los próximos meses: ¿se ampliará el rally al conjunto del mercado o acabararán corrigiendo los líderes que han impulsado las subidas?
Los antecedentes históricos favorecen la primera opción. El cuarto trimestre suele ser el más favorable para la renta variable estadounidense y, además, coincide con un período especialmente propicio en los años de elecciones de mitad de mandato. A ello se suma que el sentimiento inversor sigue siendo relativamente prudente, un factor que tradicionalmente ha servido de combustible para nuevas alzas cuando las expectativas son moderadas.
No obstante, la verdadera prueba llegará con la temporada de resultados empresariales. Los beneficios tendrán que justificar unas valoraciones cada vez más exigentes y demostrar que las empresas son capaces de mantener el crecimiento en un entorno monetario menos acomodaticio. Si las cuentas acompañan, el mercado tendrá argumentos para extender las ganancias. Si decepcionan, la volatilidad podría reaparecer con fuerza.
En definitiva, las probabilidades apuntan a un cierre de año favorable para la bolsa. La estadística juega a favor de los alcistas y los patrones históricos invitan a la confianza. Pero en un mercado donde los bancos centrales han vuelto a endurecer las condiciones financieras, las cifras empresariales serán las que tengan la última palabra. El escenario más probable es positivo; el desafío será convertir esa probabilidad en realidad.
