La cuestión hoy no es si la renta fija merece estar en cartera, sino cómo posicionarse dentro de ella con criterio.
El bono soberano alemán ha recuperado su función como activo de referencia. Con la estabilización del ciclo de subidas, el Bund vuelve a ofrecer la previsibilidad y liquidez que exige la parte estructural de una cartera de renta fija, con una TIR aproximada del 2% que resulta significativa tras el largo periodo de tipos negativos o nulos.
El segmento más interesante, sin embargo, está en el crédito corporativo. El mercado sigue exigiendo diferenciales elevados por determinadas emisiones cuyo riesgo, a nuestro juicio, no justifica esa prima. La razón es que muchos inversores de renta fija ordenan su universo por rating o duración, sin profundizar en el negocio que hay detrás del bono. Cuando el análisis parte de la empresa, de su generación de caja, de la calidad de sus activos y de su capacidad para atender compromisos financieros, es posible identificar emisores cuyo riesgo crediticio es inferior al que descuenta el mercado. Ahí reside la oportunidad.
En este contexto, el segmento high yield merece una lectura propia, al margen de lo que su etiqueta sugiere. Con una TIR cercana al 10,6% en los tramos que seguimos, y con gran parte del ajuste de valoraciones ya producido, los cupones siguen siendo generosos mientras el riesgo de nuevas correcciones por subidas de tipos se reduce progresivamente. La cuestión no es la categoría a la que pertenece un bono, sino si la rentabilidad que ofrece compensa adecuadamente el riesgo asumido. Cuando el mercado exige diferenciales que no se corresponden con la solidez financiera del emisor, se genera una ineficiencia que un análisis fundamental riguroso puede aprovechar.
La combinación de deuda soberana como elemento de estabilidad y crédito corporativo seleccionado con criterio fundamental permite aspirar a rentabilidades que superan con claridad a las letras del Tesoro o los depósitos bancarios sin asumir riesgos que el análisis no justifique. No toda la renta fija sirve igual. Lo que determina el resultado no es la categoría elegida, sino la profundidad del análisis que la sustenta.

