El fuerte repunte de los rendimientos de la deuda soberana está elevando los costes de financiación de hogares, empresas y gobiernos y puede contribuir a una moderada desaceleración de la economía mundial durante la segunda mitad de 2026.
Una mayor rentabilidad de los bonos ya no implica necesariamente una moneda más fuerte, ya que los rendimientos están aumentando de forma generalizada y, en muchos casos, lo hacen por razones poco favorables para las respectivas economías, como la preocupación por la inflación y los elevados niveles de deuda.
En este entorno de precios elevados del petróleo, tipos de interés al alza y reducción de las posiciones de carry trade, se identifica entre las divisas mejor posicionadas al dólar estadounidense, como divisa refugio, así como otras monedas de países exportadores netos de energía, como la corona noruega, el peso colombiano y la naira nigeriana. También considera que las divisas de mercados emergentes con un carry bajo, como el yuan chino, están relativamente bien posicionadas.
Por el contrario, sitúa entre las más vulnerables a las expuestas al sentimiento de riesgo del mercado, como el dólar australiano, el dólar neozelandés o la corona sueca, así como a varias divisas emergentes de elevado carry, entre ellas el rand sudafricano, el peso mexicano y la lira turca. Las divisas de países importadores netos de energía, como el peso chileno, también podrían estar comprometidas.
El escenario sigue siendo favorable para el dólar a corto plazo, apoyado por el encarecimiento del petróleo, los flujos hacia activos refugio, el giro restrictivo de la Reserva Federal y la expectativa de una desaceleración de la economía mundial. A medio plazo, sin embargo, mantiene su previsión de una tendencia bajista de la divisa estadounidense una vez disminuya el riesgo asociado al conflicto con Irán.
Para las empresas con exposición internacional, es recomiendable no basar sus decisiones de cobertura exclusivamente en un escenario central. Ante el aumento de la incertidumbre cambiaria, la compañía considera conveniente combinar la protección frente a movimientos adversos de las divisas con la posibilidad de beneficiarse de una evolución favorable del mercado, adaptando las estrategias de cobertura al grado de volatilidad y a las necesidades concretas de cada empresa.
