El balance provisional asciende a un muerto, 2.000 detenidos y más de 600 policías, gendarmes y bomberos heridos.
Las movilizaciones, convocadas por estudiantes, sindicatos, «chalecos amarillos», agricultores y empleados públicos, reunieron a 550.000 personas, según el Gobierno, y a más de 800.000, según los organizadores. Solo en París participaron 110.000 manifestantes.
En la capital, una persona murió tras sufrir una parada cardiorrespiratoria y 855 personas fueron detenidas. Aunque la marcha principal transcurrió sin incidentes graves, grupos radicales atacaron a las fuerzas de seguridad, saquearon comercios y levantaron barricadas en torno a la plaza de la República y los bulevares de Sebastopol y Saint-Honoré.
Incendios y edificios públicos asaltados
El Ayuntamiento de Limoges, inaugurado en 1883, quedó prácticamente destruido por un incendio. También fueron asaltados los consistorios de Marsella y Lille, mientras que una oficina de turismo en Lyon y la fachada de un edificio universitario en Ruán resultaron dañadas. En Burdeos fue atacada la residencia de la prefecta.
El alcalde de Limoges, Guillaume Guérin, denunció la falta de medios policiales, aunque aseguró que los servicios municipales seguirán funcionando. El primer ministro, Sébastien Lecornu, prometió reconstruir el edificio y atribuyó la violencia a una maniobra política de la izquierda radical.
Lecornu indicó además que el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha ordenado a los fiscales solicitar prisión provisional para los detenidos considerados más violentos. «No nos dejaremos intimidar», afirmó el jefe del Gobierno.
Críticas por la respuesta policial
El Ayuntamiento de París denunció un nivel de violencia inédito y sostuvo que las fuerzas de seguridad quedaron desbordadas. En varias zonas comerciales aparecieron escaparates destrozados, vehículos quemados y calles cubiertas de cristales y escombros.
En Lyon hubo 160 detenidos. El prefecto Étienne Guyot defendió que la Policía priorizó la protección de las personas ante una violencia excepcional. Los alcaldes de París, Marsella y Lyon han solicitado una reunión con Lecornu para analizar la actuación policial y reclamar medios que eviten nuevos episodios similares.
El presidente Emmanuel Macron, que anunció un discurso a la nación tras reunirse con el primer ministro y miembros del Ejecutivo, afirmó que en Francia no hay lugar para la violencia y advirtió de que los responsables de los saqueos y destrozos serán castigados.
