La reciente ronda de financiación de la startup francesa Mistral AI fue liderada por ASML, un fabricante holandés de equipos para la producción de semiconductores. Este tipo de inversiones transfronterizas, incluso cuando son pequeñas en comparación con las operaciones en Estados Unidos, no son habituales en Europa. Con mucha más frecuencia, los buenos proyectos no logran escalar. Entre las razones: el considerable ahorro europeo está compartimentado dentro de las fronteras nacionales y resulta difícil vincularlo a proyectos de alto riesgo y alta rentabilidad.
La principal carga recae sobre las empresas jóvenes e innovadoras de Europa, como se muestra en una nueva nota de análisis del personal del FMI que explora cómo la fragmentación y la superficialidad de los mercados financieros europeos siguen frenando su crecimiento. Para los inversores, especialmente los particulares, esto se traduce en menos oportunidades para diversificar riesgos y protegerse de la inestabilidad interna mediante la inversión en el extranjero. La nota muestra que las diferencias en las regulaciones bancarias, las redes de seguridad (en particular, el seguro de depósitos) y los regímenes de insolvencia entre países dificultan los préstamos bancarios transfronterizos. Asimismo, las normas que limitan la aportación de capital de riesgo por parte de los fondos de pensiones y las aseguradoras limitan la magnitud del capital de riesgo.
Como muestra este gráfico semanal, incluso una reforma moderada que reduzca las barreras a la banca transfronteriza podría aumentar el PIB de la Unión Europea en torno a un 2 % a largo plazo. Estas ganancias provendrían de una mejor asignación del ahorro entre países y empresas, así como de la mayor facilidad de acceso de las empresas a posibles prestamistas, lo que reduciría los costes de financiación. Si se añaden reformas para aliviar los obstáculos legales y fiscales a la inversión transfronteriza en capital riesgo, junto con medidas para ampliar el capital de riesgo a largo plazo mediante reformas en los sistemas de pensiones y seguros, la ganancia estimada de las reformas financieras podría acercarse al 3 %.
Estas reformas financieras refuerzan los importantes beneficios que podrían derivarse del impulso al dinamismo y la innovación empresarial. Convertir a Europa en un lugar más dinámico para la creación y el crecimiento de nuevas empresas —por ejemplo, mejorando el entorno empresarial, invirtiendo en formación y apoyando la investigación y el desarrollo— aumentaría el número de proyectos con alto potencial de rentabilidad. La combinación de reformas financieras y de la economía real puede elevar el crecimiento del PIB a largo plazo a cifras de dos dígitos.
Europa necesita actuar en tres frentes:
Impulsar la unión bancaria reduciendo las diferencias regulatorias e institucionales y armonizando los marcos de insolvencia. Completar la red de seguridad financiera, incluso mediante un sistema europeo de garantía de depósitos, reduciría los efectos negativos de la vinculación soberana entre los bancos y la deuda pública, lo que contribuiría a la resiliencia económica y financiera en general.
Fortalecer el capital de riesgo y la financiación mediante acciones en general, ampliando el conjunto de capital de riesgo a largo plazo y reduciendo las fricciones en las inversiones transfronterizas.
Mejorar el entorno empresarial para que este capital recién disponible encuentre proyectos más atractivos para financiar.
Innovación y financiación van de la mano: las reformas que creen empresas más prometedoras tendrán mayor impacto cuando el ahorro europeo pueda fluir libremente para financiarlas.
