La patronal identifica dos focos principales de presión: la energía y la logística. Los costes asociados a los servicios de ajuste eléctrico han aumentado un 53% respecto a octubre de 2025, mientras que el precio del gasóleo se ha encarecido un 35,5%, elevando los costes de transporte y distribución. A ello se suma el alza del 25% en las materias primas destinadas a la fabricación de envases plásticos, impulsada por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
Pese a esta presión sobre los costes, el IPC de los alimentos mantiene una evolución más moderada que la inflación general. En septiembre, la inflación alimentaria se situó en el 2,7%, más de dos puntos por debajo del IPC general.
Asedas atribuye esta contención a la eficiencia de la cadena agroalimentaria y a la fuerte competencia entre supermercados, que ayuda a amortiguar el traslado de costes al consumidor. La organización destaca además que la variedad de formatos comerciales y productos permite a los hogares adaptar sus compras y reducir el impacto de la inflación.
Según la patronal, aunque los costes siguen aumentando en toda la cadena de suministro, el sector continúa actuando como un factor de contención de los precios en un contexto de elevada presión inflacionista.
