Además, señala que «la productividad del trabajo de España era aproximadamente comparable a la de EEUU en 1990, pero la brecha se ha ampliado con el tiempo, con la productividad de España ahora en un 74% del nivel estadounidense».
El documento recuerda que la innovación, la adopción de tecnología extranjera y la difusión tecnológica entre empresas están entre las claves que determinan la productividad a largo plazo en países de rentas altas. Uno de los problemas, añaden los autores, es que «las empresas españolas innovan menos que las francesas y las suecas, en particular entre las empresas jóvenes», en parte por obstáculos como la «carga regulatoria» o las «fricciones financieras».
Desde este punto de vista, se constata «una brecha considerable» en el crecimiento de la productividad en España con respecto a «otros países de rentas altas». Más allá del desafío de la innovación, que se traduce en la escasez de patentes de alto valor, existe el de los incentivos fiscales para la investigación y desarrollo, que son «relativamente generosos sobre el papel en comparación con otros países, pero tienen una tasa de absorción baja en la práctica». El organismo receta medidas para mitigar estos retos, que prevé que podrían incrementar un 0,25% la productividad total de los factores, un parámetro que mide la eficiencia de una economía en el uso de insumos como el trabajo o el capital.
En general, la Unión Europea sufre un estancamiento productivo con mejoras muy modestas en este indicador en comparación con las economías estadounidense —que cuenta con empresas de mucho mayor tamaño— o china. Sin embargo, el caso de España es especialmente grave. Si se compara con Alemania, que ha pasado de 52 a 83 dólares por hora, la brecha se ha quintuplicado en el mismo periodo. Nuestro país tampoco ha logrado converger con Francia, que ha evolucionado desde los 59 dólares de 1990 hasta los 82 de 2024, aunque en los años más recientes ha empeorado su desempeño. El caso de Italia es uno de los peores, ya que, a pesar de situarse en niveles todavía superiores a los de España, su mejora ha sido muy escasa —de 58 a 68 dólares—, lo que implica que sus trabajadores eran en 1990 más productivos que los alemanes y estadounidenses, pero que con el tiempo se han quedado por detrás.
El ascenso acumulado de España en este parámetro desde 1990 alcanza el 31%, por debajo de otras economías avanzadas. El ritmo de crecimiento es, sin embargo, superior al de algunas economías latinoamericanas como México, que solo ha logrado un aumento del 16% en este periodo y se queda en 22 dólares por hora trabajada, muy por debajo de los niveles registrados en naciones como Alemania (60%) o EEUU, que acumula un alza del 73%.

