El organismo sitúa el umbral de la pobreza para una persona que afronta en solitario los gastos de la vivienda en 890 euros al mes. Es decir, que, tras pagar el alquiler, la hipoteca u otros gastos asociados a la vivienda, le queden menos de 890 euros para hacer frente al resto del mes. Este umbral se eleva hasta los 1.869 euros en el caso de un hogar formado por dos adultos y dos menores.
Entre quienes viven de alquiler a precio de mercado, la tasa de pobreza laboral se sitúa en el 19,35%. Una vez descontado el pago de la renta, asciende hasta el 34%, lo que supone un incremento de casi 15 puntos porcentuales. Una realidad que contrasta con la de quienes viven en una vivienda en propiedad. Después de afrontar los gastos residenciales, la tasa de pobreza es del 10,22% entre quienes tienen una hipoteca y se reduce hasta el 7,95% entre aquellos que ya la han pagado por completo.
En este contexto, Andalucía registra la tasa de pobreza laboral más elevada (17,65%), seguida de la Comunidad Valenciana (16,95%) y Extremadura (16,54%). Si se analiza dónde aumenta más esta tasa después de afrontar los gastos de la vivienda, Madrid ocupa el primer lugar, seguida de Cataluña y Murcia.
El análisis de Oxfam Intermón pone el foco en la cronificación de la pobreza laboral. Entre 2022 y 2024 apenas se redujo 0,16 puntos porcentuales, mientras la economía crecía a un ritmo del 6%, según recoge el informe.
La pobreza laboral se concentra con mayor intensidad entre los trabajadores que proceden de fuera de la Unión Europea, con una incidencia casi cuatro veces superior a la de los nacionales, una referencia que se mantiene, incluso entre quienes cuentan con estudios superiores. Además, afecta especialmente a sectores esenciales como el empleo doméstico, la agricultura, la pesca o la hostelería. «La parcialidad involuntaria o el autoempleo condenan a la precariedad a una de cada diez personas trabajadoras».
