La sesión de control al Gobierno en el Congreso ha transcurrido este miércoles bajo una atmósfera de desgaste y excepcionalidad política marcada por la ausencia del presidente, Pedro Sánchez, desplazado a Roma para reunirse con el Papa León XIV, y por la entrada de agentes de la UCO en la sede federal del PSOE, en Ferraz por el caso Leire Díez. Todo ello apenas horas después de conocerse el aplazamiento de la citación judicial al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por el caso Plus Ultra, una demora de dos semanas que apunta a prolongar el bloqueo político y agranda la sensación de parálisis en el Ejecutivo. En ese contexto, el Gobierno ha intentado sostener su discurso de resistencia frente al creciente cerco judicial -“el camino no es rendirse, es pelear”, aseguraban ayer fuentes del Ejecutivo-, aunque el tono exhibido este miércoles en la Cámara Baja ha sido menos desafiante y mucho más contenido ante una ofensiva de la oposición que ha convertido la sesión en un monográfico sobre corrupción.
El encargado de asumir el grueso del desgaste ha sido el ministro de Economía y vicepresidente económico, Cuerpo. Con semblante serio y un tono deliberadamente sobrio, ha intentado contener los ataques del Partido Popular apelando a la “tolerancia cero” frente a cualquier comportamiento irregular, al “respeto a los procesos judiciales” y a la “presunción de inocencia”. También ha reivindicado la marcha de la economía española y el papel del Ejecutivo situando a España “en una posición de liderazgo en materia de crecimiento a nivel internacional”.
Pero el debate parlamentario hacía tiempo que había abandonado el terreno económico. Desde la primera intervención, la portavoz del PP, Ester Muñoz, se ha centrado en otros asuntos. “¿No se les cae la cara de vergüenza de tener que tragar con tanta corrupción?”. “No sabe lo difícil que es preguntarle”, le ha espetado a Cuerpo desde la tribuna, antes de añadir que “en estos momentos la UCO está registrando la sede del PSOE por financiación irregular”.
