Así se desprende de datos oficiales de la UE enviados a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) y un análisis de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicado este viernes. El inventario de gases de efecto invernadero de la UE fue elaborado y presentado a este organismo de la ONU por la AEMA en nombre de la UE el pasado 15 de abril. En los últimos 34 años, la disminución general de las emisiones netas internas de la UE se debió a una mayor proporción de energías renovables, el uso de combustibles fósiles con menor intensidad de carbono, una mayor eficiencia energética y cambios económicos estructurales, según la AEMA. Casi todos los Estados miembro han contribuido a la reducción de las emisiones.
Los mayores recortes absolutos se produjeron en la producción de electricidad y calor, la industria manufacturera y la construcción, la combustión residencial y la industria siderúrgica (incluidas las emisiones relacionadas con la energía). Las emisiones del transporte por carretera aumentaron tanto para el transporte de pasajeros como para el de mercancías, a pesar de la mayor eficiencia y la proliferación de vehículos eléctricos, ya que el crecimiento de la demanda de transporte superó esos avances.
Las emisiones de hidrofluorocarbonos (HFC) procedentes de la refrigeración y el aire acondicionado aumentaron considerablemente entre 1990 y 2014, pero han disminuido durante 10 años consecutivos por la reducción gradual de los gases fluorados en la UE y a las recientes medidas de eliminación progresiva. La absorción neta de carbono por parte de los bosques se ha debilitado principalmente debido al envejecimiento de los bosques (menor incremento anual), al aumento de la tala y a los impactos climáticos.
La producción de electricidad y calor, así como los sectores residencial e industrial, fueron los que registraron las tres mayores reducciones de emisiones. Las emisiones procedentes de la producción de electricidad y calor se han reducido un 58% desde 1990, lo que refleja las mejoras en la eficiencia y el cambio hacia combustibles con menor contenido de carbono. Entre 1990 y 2024, el uso de combustibles sólidos y líquidos en las centrales térmicas disminuyó un 68% y un 86%, respectivamente, mientras que el uso de gas natural aumentó un 44% (aunque las emisiones de gas disminuyeron casi un 18% desde 2022). El consumo de carbón en 1990 fue más del triple del nivel de 2024.
La participación de las energías renovables en la generación de electricidad y calor ha aumentado sustancialmente, y las emisiones de CO2 por unidad de energía fósil producida han disminuido.
Las importantes reducciones en el sector residencial se deben a un mejor aislamiento de los edificios, una mayor eficiencia y unos inviernos más cálidos, que han reducido la demanda de calefacción.
