Según el Instituto Jacques Delors, Europa está soportando el coste de un conflicto ajeno mientras mantiene su dependencia de los combustibles fósiles, una situación considerada insostenible. Para afrontarla, 23 países han aprobado más de 210 medidas de emergencia y han movilizado cerca de 16.000 millones de euros, a los que se suman otros 46.000 millones por el encarecimiento de las importaciones de energía.
En paralelo, siete países —entre ellos España, Francia o Países Bajos— han impulsado políticas de electrificación, con un gasto de hasta 2.500 millones si se incluyen medidas específicas. Esta estrategia cobra fuerza ante la volatilidad del gas, cuyo uso empieza a reducirse: las importaciones de GNL han caído un 1,2% desde marzo, aunque con diferencias entre países.
Las renovables están desempeñando un papel clave. La energía solar ha permitido ahorrar 12.800 millones de euros en compras de gas desde el inicio del conflicto, mientras el avance de tecnologías como baterías, vehículos eléctricos o bombas de calor refuerza la resiliencia energética europea.
Expertos del sector subrayan que la seguridad energética pasa ya por acelerar la electrificación de transporte, industria y calefacción, lo que permitirá reducir la dependencia exterior y generar importantes ahorros a largo plazo.
Pese a estos avances, la UE sigue expuesta a la volatilidad del gas y mantiene una fuerte dependencia del GNL, especialmente de Estados Unidos, que en 2026 cubrirá el 66% del suministro.
