Este fallo, el de PHP2 existía desde hacía años, pero aprovecharlo era tan complejo que estaba al límite de lo que un investigador humano puede abordar, y la IA ha eliminado esa barrera. Es una gran noticia para la defensa, pero la misma capacidad está al alcance de cualquier atacante. De hecho, ya se detectaron intentos de ataque antes de que se publicara el parche. El margen para reaccionar ha pasado de semanas a horas.
La inteligencia artificial se ha convertido así en una gran aliada para los equipos de ciberseguridad, pero también para los ciberdelincuentes, que recurren cada vez más a estas herramientas para abaratar costes y acelerar sus ataques. Bajo este contexto, hay que destacar tres medidas fundamentales que las empresas deben aplicar para protegerse en la era de la IA:
· Como demuestra PHP2Shell, el tiempo entre que se descubre una vulnerabilidad y se intenta explotar es mínimo, por lo que las compañías necesitan protocolos de respuesta y actualización inmediatos.
· Revisar el código generado por IA con el mismo rigor que cualquier otro, o más. En este sentido, que la IA escriba código que funciona a la primera hace que muchas veces se revise menos de lo que se debería.
· Los agentes de IA ya no solo responden dudas, sino que también consultan sistemas internos, mueven datos y ejecutan procesos. Con demasiados permisos y sin supervisión, pueden ser manipulados para trabajar a favor del atacante.
La velocidad a la que las empresas generan software con IA no puede ir por delante de la seguridad, la trazabilidad y la supervisión humana, La clave pasa por otorgar a cada agente únicamente el acceso que necesita, registrar y auditar todo lo que hace y mantener la supervisión humana en las decisiones sensibles.
