Tras ocho años de gobiernos de Pedro Sánchez, el mercado residencial llega a la cita electoral con precios récord, una oferta cada vez más escasa y una demanda en máximos.
Según los datos de idealista, el precio de la vivienda usada en venta ha aumentado un 74,4% desde junio de 2018, hasta situarse en 2.930 euros por metro cuadrado. Paralelamente, la oferta disponible se ha reducido más de un 38%, con caídas especialmente acusadas en ciudades como A Coruña, Bilbao, Vitoria o Valencia.
La demanda ha seguido la tendencia contraria. En estos años se ha incrementado más de un 300% de media en España, multiplicándose por seis o siete en algunos mercados urbanos.
La presión también se ha trasladado al alquiler. Las rentas han subido un 45,2% desde 2018 y alcanzan los 15,1 euros por metro cuadrado al mes, cerca de máximos históricos. Al mismo tiempo, la oferta de viviendas en alquiler se ha desplomado en numerosas ciudades, con descensos del 84% en Barcelona, del 76% en San Sebastián y del 72% en Bilbao.
Este escenario se produce pese a las medidas aprobadas durante los últimos años para contener los precios y reforzar la protección de los inquilinos, entre ellas la Ley de Vivienda de 2023, los límites a las subidas de rentas y la regulación de las zonas tensionadas.
El debate se intensificó tras el caso de Maricarmen Abascal y el rechazo parlamentario de los dos últimos decretos de vivienda del Gobierno, convertidos en uno de los detonantes políticos del adelanto electoral. Con los precios en máximos, la escasez de oferta y el acceso a la vivienda como principal preocupación social, la cuestión residencial se perfila como uno de los asuntos decisivos de la campaña.
