Sin embargo, los mercados se recuperaron por la tarde después de que Trump confirmara el bloqueo estadounidense y mencionara la posibilidad de un acuerdo.
Lazard, Payden & Rygel y Tesys analizan escenarios, impacto macro y posicionamiento de inversión.
Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, advierte de que, aunque Estados Unidos e Irán acordaron un alto el fuego de dos semanas, persisten dudas relevantes sobre el alcance y la durabilidad del acuerdo. En este contexto, Lazard Geopolitical Advisory ha actualizado sus perspectivas sobre la crisis de Irán y contempla tres escenarios principales. El menos probable sería un acuerdo sustantivo, fruto de las conversaciones en Islamabad, que garantizara la desescalada, un alivio limitado de las sanciones, compromisos más estrictos sobre el programa nuclear iraní y una reapertura creíble e incondicional del estrecho de Ormuz. Incluso en ese escenario más optimista, Temple subraya que harían falta semanas o meses para normalizar los precios de las materias primas, ya que actualmente hay más de 1.000 buques varados en el Golfo pendientes de un orden de paso por Ormuz.
El escenario más probable, según Lazard, es el de un conflicto latente, en el que las conversaciones no logran avances decisivos y derivan en sucesivas prórrogas, volatilidad persistente y un conflicto de baja intensidad sin un vencedor claro. Temple señala que el conflicto en Líbano sigue siendo un obstáculo para la paz y que, en este escenario, Irán utilizaría su control del estrecho de Ormuz como palanca para lanzar ataques periódicos contra infraestructuras de otros países del Consejo de Cooperación del Golfo. A su juicio, cuanto más se prolongue esta situación, más se agravarán sus consecuencias económicas.
La segunda opción más probable sería una vuelta a las hostilidades, con una ruptura del alto el fuego y una reanudación o ampliación de las operaciones militares estadounidenses. Aunque este escenario no conduciría necesariamente a una guerra energética total, sí podría afectar a un mayor número de infraestructuras energéticas, agravando el impacto sobre la economía mundial y ampliando los efectos del conflicto sobre el suministro de materias primas incluso una vez terminadas las hostilidades.
Temple insiste además en que el conflicto ha llegado a un punto en el que parte del daño económico ya está consolidado, con reducciones duraderas en la capacidad de producción energética, tanto en petróleo crudo como en gas natural licuado. Añade que, aunque los precios de los futuros de la energía han oscilado violentamente a lo largo de la crisis, los precios reales pagados por la entrega física en los mercados al contado están alcanzando máximos históricos para el crudo Brent y otras fuentes de energía. Esta divergencia, explica, refleja el contraste entre la expectativa de los mercados de futuros de que el conflicto termine pronto y la realidad física de un mercado en el que los buques que habían salido por Ormuz antes del inicio de la crisis ya han entregado su carga y no hay nuevos flujos detrás de ellos. Por ello, concluye que cada vez más los efectos económicos se medirán no solo por el aumento de los precios de las materias primas, sino también por la escasez, a medida que disminuyen los suministros y se agotan las existencias disponibles.
Antonella Manganelli, consejera delegada de Payden & Rygel para Europa, señala que, en este contexto de elevada volatilidad, la renta fija ha registrado un repunte significativo, con caídas en los rendimientos de la deuda soberana y un estrechamiento de los diferenciales de crédito. A su juicio, aunque la tentación de materializar beneficios tras este movimiento es comprensible, puede resultar miope en una fase todavía dominada por la incertidumbre. Por ello, considera que la prioridad debe seguir siendo preservar el carry acumulado durante las semanas de corrección, evitando movimientos tácticos excesivos.
En este sentido, Manganelli defiende que, en lugar de liquidar posiciones, tiene sentido mantener una exposición equilibrada a lo largo de la curva, con preferencia por los vencimientos intermedios, que ofrecen un equilibrio razonable entre rendimiento y sensibilidad a los tipos. Añade que los niveles actuales, aunque se han retraído, siguen siendo compatibles con rendimientos reales relevantes, lo que continúa haciendo que la renta fija sea competitiva, especialmente frente a una renta variable que incorpora primas de riesgo más ajustadas.
Desde el punto de vista geográfico, explica que los bonos del Estado europeos ofrecen un ancla relativamente estable, con los países del núcleo proporcionando protección en momentos de tensión, mientras que los periféricos siguen aportando rentabilidades adicionales atractivas. Estados Unidos continúa siendo un mercado clave, aunque advierte de que los rendimientos ya descuentan buena parte del escenario, por lo que cualquier nueva posición debe evaluarse también a la luz del coste de la cobertura de divisas.
En crédito, Manganelli considera que el grado de inversión sigue siendo una categoría de bajo riesgo, ya que los diferenciales se han reducido, pero no hasta el punto de eliminar su valor relativo. En cambio, recomienda una mayor cautela en el segmento high yield, donde el margen de error se reduce rápidamente en caso de que vuelvan a intensificarse las tensiones. En un horizonte más amplio, añade, la deuda emergente sigue ofreciendo oportunidades interesantes de diversificación. La moneda fuerte representa la alternativa más defensiva, mientras que la moneda local puede beneficiarse de ciclos monetarios más favorables, aunque a costa de una volatilidad superior.
En suma, la directiva de Payden & Rygel considera que la fase actual exige disciplina: mantener el carry, preservar la flexibilidad y seguir preparados para aprovechar nuevos desajustes de mercado, en lugar de perseguir ganancias tácticas a corto plazo.
César Sala, presidente de Tesys AF SGIIC, describe las últimas semanas como una auténtica “montaña rusa”, tanto por el comportamiento de las cotizaciones como por la evolución del dólar, un factor que está afectando de forma sensible al valor liquidativo de las carteras invertidas en renta variable estadounidense. En su opinión, todas las guerras son una torpeza que se paga con vidas humanas, pero también generan efectos colaterales que en ocasiones pasan desapercibidos.
Entre ellos, Sala destaca la estrecha correlación que, a su juicio, existe entre las cotizaciones y las declaraciones del presidente Trump. Según apunta, la reacción de los mercados a cada mensaje político es ya tan intensa que disponer de información con 24 horas de antelación sobre las palabras del presidente permitiría a cualquier inversor obtener una elevada rentabilidad alternando posiciones cortas y largas. A partir de ahí, plantea la cuestión de si tiene sentido hablar de conflicto de interés en relación con la cartera de inversiones de Trump, o si el votante estadounidense está aceptando una transición desde la figura del “servidor público” hacia la del “Presidente CEO”, en la que el elector se comporta más como un accionista que espera dividendos, en forma de bajadas de impuestos o subidas de bolsa, que como un ciudadano.
En cualquier caso, Sala subraya que, pese a estos vaivenes, las compañías siguen creciendo de forma inexorable, a la espera de que un mercado más racional termine reconociendo su valor. Además, sostiene que la última novedad sitúa a Donald Trump como “cancerbero de Ormuz”, en la medida en que decide quién pasa y quién no por una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo. Al mismo tiempo, recuerda que la OPEP+ está incrementando su producción para paliar la reducción de crudo derivada del bloqueo.
A partir de ahí, Sala enmarca la crisis en una transformación más amplia del orden global y de su impacto sobre los mercados. En materia macroeconómica, remite a las palabras de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, quien ha advertido de que esta crisis dejará “cicatrices” en la economía global, será “grande, global y asimétrica” y provocará, incluso en el mejor de los casos, una rebaja del crecimiento sin un retorno limpio y ordenado a la situación anterior. En este escenario, concluye, el foco debe seguir estando en el análisis individual de las compañías y en la monitorización constante de cómo les afecta la situación actual, tanto en el corto como en el medio y largo plazo, con el objetivo de proteger las carteras y aprovechar las oportunidades que ofrecen las sobrerreacciones habituales de los mercados financieros.
