La iniciativa prevé agrupar la demanda energética de los Estados miembros y encargar a un operador de mercado la adquisición conjunta de suministros, un modelo más ambicioso que el aplicado durante la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania.
Además, Bruselas impulsará conversaciones con las refinerías para reducir costes y garantizar el abastecimiento, incluido el necesario para el sector de Defensa.
Von der Leyen advirtió de que los precios del gas han aumentado un 140% desde finales de febrero y que el diésel ha duplicado su coste, lo que está generando presión sobre empresas y hogares. Aunque defiende ayudas para los países más afectados, rechaza las subvenciones generalizadas por su impacto en la demanda y en las cuentas públicas.
A medio plazo, la Comisión apuesta por acelerar la electrificación de la economía europea para reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y rebajar la exposición a la volatilidad energética internacional.
