Pero eso es una utopía el prefiere estar solo manejar los asuntos como el cree que mas le conviene y después, cuando todo sale mal echarle las culpas a los demás, básicamente al PP , las mafias o la guerra.
Con ese modo de entender la vida, ahora la situación de Ceuta que, muy a su pesar. Trasciende ya el ámbito local y se ha convertido en una cuestión de política exterior, seguridad fronteriza y relaciones europeas., le empieza a crear problemas y no admite que los demás países traten de defenderse de una invasión descomunal de extranjeros procedentes de España.
Y es que no asume que como frontera exterior de la Unión Europea, cualquier episodio de presión migratoria en la ciudad autónoma pone a prueba tanto la capacidad de respuesta de España como la coordinación con sus socios comunitarios.
Uno de los elementos centrales del debate es la necesidad de construir apoyos internacionales. La gestión de fenómenos migratorios de gran escala requiere habitualmente cooperación entre gobiernos, instituciones europeas y países de origen o tránsito. En ese contexto, la capacidad de generar consensos suele ser tan relevante como los recursos materiales destinados al control fronterizo.
Los críticos de la estrategia del Gobierno sostienen que una actitud confrontativa con dirigentes europeos que defienden posiciones distintas en materia migratoria puede dificultar la construcción de alianzas cuando se necesitan apoyos políticos. Desde esta perspectiva, la confrontación pública que ya se ha iniciado, y de que manera con Italia, corre el riesgo de aislar a España en debates donde el respaldo de otros socios resulta importante.
Por el contrario, sus chicos y socios que respaldan la actuación del Ejecutivo argumentan que mantener discrepancias abiertas con otros gobiernos no implica necesariamente un aislamiento diplomático. Defienden que las diferencias ideológicas forman parte de la dinámica política europea y que cada Estado miembro mantiene posiciones propias sin que ello impida colaborar en cuestiones estratégicas.
En el caso de las divergencias con gobiernos como el italiano, el debate refleja una tensión más amplia dentro de la UE entre distintos enfoques sobre inmigración, control de fronteras y reparto de responsabilidades. Mientras algunos países priorizan medidas más restrictivas, otros ponen el acento en la cooperación internacional y los mecanismos de acogida.
La cuestión de fondo es hasta qué punto las diferencias políticas afectan a la capacidad de España para movilizar respaldo europeo ante desafíos concretos como los que afectan a Ceuta. La respuesta dependerá menos de la retórica y más de los resultados diplomáticos obtenidos en las instituciones comunitarias y en las relaciones bilaterales con los socios europeos. En última instancia, el éxito de cualquier estrategia se medirá por su capacidad para garantizar la seguridad fronteriza, mantener la cooperación internacional y preservar el apoyo de la Unión Europea.
