La combinación del encarecimiento de las materias primas tras la guerra con Irán y los fenómenos meteorológicos extremos volverá a presionar los precios de los alimentos. Sin embargo, los economistas consideran que el impacto del clima será más determinante que el conflicto geopolítico. Tanto el BCE como diversos servicios de estudios apuntan a que la inflación alimentaria superará el 3% en la zona euro durante los próximos meses, con un efecto especialmente negativo sobre los hogares de menor renta. Los escenarios más pesimistas sitúan las subidas entre el 5% y el 9% de media en Europa.
El bloqueo del estrecho de Ormuz elevó los costes de materias primas y fertilizantes. Aunque la escasez de estos últimos fue menos grave de lo previsto, su encarecimiento reducirá la rentabilidad agrícola. A ello se suman mayores costes de energía, transformación y envasado, que podrían añadir entre 0,5 y 0,7 puntos porcentuales a la inflación alimentaria en 2027, según Oxford Economics.
La consultora advierte, no obstante, de que las olas de calor tendrán un impacto aún mayor sobre los precios. El fenómeno de El Niño podría intensificar esta presión y añadir hasta un punto porcentual adicional a la inflación alimentaria el próximo año. Por ello, ha revisado al alza sus previsiones y estima un incremento de la cesta de la compra cercano al 3%.
El temor a una nueva crisis inflacionaria recuerda a la vivida tras la invasión rusa de Ucrania, cuando los alimentos llegaron a impulsar en varios puntos el IPC general. En esta ocasión, la preocupación vuelve a centrarse en los fertilizantes y en los costes energéticos.
Factores que han contenido las subidas
Por ahora, varios elementos han moderado la inflación alimentaria, que cayó hasta el 1,2% en junio, su nivel más bajo en cinco años. Entre ellos destacan la abundante cosecha de cereales de 2025, el exceso de oferta de leche cruda, la estabilización de los precios del cacao, el café y el chocolate, así como la corrección del aceite de oliva y el descenso gradual de los costes energéticos.
Sin embargo, persisten riesgos importantes. Las expectativas de mayores precios de venta en producción, distribución y restauración continúan creciendo. Además, aunque algunos fertilizantes han regresado a niveles previos al conflicto, otros siguen cotizando por encima de los precios de 2025.
Los analistas creen que este encarecimiento terminará trasladándose a los agricultores europeos. A ello se une el aumento del petróleo y del gas natural, esenciales para la producción y transformación de alimentos. Una posible reactivación de las tensiones entre Estados Unidos e Irán elevaría aún más estos riesgos.
Rabobank prevé que la inflación alimentaria alcance su máximo en 2027. La entidad considera que el prolongado impacto del bloqueo de Ormuz mantendrá elevados los precios energéticos incluso más allá de una eventual resolución del conflicto.
Según sus estimaciones, los mayores costes de energía, transporte y envasado ya están afectando a toda la cadena alimentaria y reduciendo los márgenes empresariales. Aunque algunas compañías han diferido el impacto mediante coberturas, el banco espera un nuevo ciclo de inflación alimentaria de entre el 5% y el 9% en Europa durante 2027.
