Bárcenas explicó que durante su estancia en Soto del Real conoció a un preso con vastos conocimientos de informática al que hizo «un encargo puntual y remunerado» para que destruyera grabaciones que había hecho el propio extesorero y que tenía almacenados en la nube.
El fiscal le mostró una nota manuscrita que Bárcenas reconoció como propia y que decía: «Álex, hay que destruir todos los audios de MR cuando yo te dé la orden. No debe quedar nada, ese es mi compromiso». Y aclaró que «MR es Mariano Rajoy».
El extesorero relató en el juicio en el que se investiga la existencia de una trama policial para arrebatarle información comprometida para el PP que le dio al interno “una nota con los correos, las claves de acceso…» para que se encargara del borrado. Cuando salió de prisión comprobó que en su nube «no había nada». Por ese trabajo pagó al preso «entre 4.000 y 4.500 euros» que acabó detenido. Fue su mujer, Rosalía Iglesias, quien entregó el dinero a su chófer, Sergio Ríos, que supuestamente espiaba a la familia, para que lo entregara.
En su declaración. el extesorero del PP explicó que tuvo contratado a Sergio Ríos entre 2013 y 2014 como chófer, aunque también daba a la familia “apoyo como auxiliar administrativo”. Lo fichó porque “venía bien recomendado” por el jefe de seguridad del Partido Popular. A partir de julio de 2013, fecha en la que ingresó en prisión provisional, su esposa le comunicó que tenía “la impresión” de estar siendo objeto de “seguimientos”, aunque en ese momento pensó que los que la seguían era periodistas. “Nunca pensó que era un dispositivo de carácter policial”, señaló.
Bárcenas negó haber sido él quien trasladó documentación de su despacho en la sede del PP a la oficina de su mujer, y explicó que ordenó a su chófer que la recogiera. “Cuando yo tengo que dejar mi despacho en Génova 13, a finales de enero del 2013, allí queda una serie de documentación importante. Como yo no tenía acceso a ese despacho, después de negociar mi abogado con el asesor jurídico del Partido Popular, se autoriza a que una persona vaya a recoger esa documentación y yo, dentro de esas funciones de carácter auxiliar que desempeñaba para mí, le encargo al señor Ríos que se ocupe”, explicó.
Toda esa información acabó en un local propiedad de su mujer porque “dado el volumen de documentación que había, no tenía otro sitio donde meterlo”. De allí fue de donde presuntamente sustrajeron la documentación los acusados.

