Fuentes cercanas al Consejo de Gobierno consideran que se dan las condiciones para activar estas herramientas, aunque la decisión todavía no está tomada.
A diferencia de las TLTRO utilizadas durante la pandemia y la crisis de deuda, las futuras inyecciones no tendrían incentivos especiales ni un carácter expansivo. Su objetivo sería garantizar la liquidez necesaria para el funcionamiento del sistema, no estimular el crédito.
Las nuevas operaciones, previsiblemente del tipo LTRO, ofrecerían financiación a plazos superiores a los habituales, aunque sin vencimientos excesivamente largos para evitar una dependencia de los bancos respecto al BCE. El mercado considera que superar los seis meses sería clave para que estas operaciones resulten atractivas desde el punto de vista regulatorio.
El debate llega cuando el exceso de liquidez de la eurozona ha caído desde los 4,7 billones de euros alcanzados tras la pandemia hasta unos 2,2 billones. Diversas estimaciones sitúan el nivel de equilibrio entre 1,4 y 1,8 billones, lo que acerca al sistema a una situación de mayor normalidad monetaria.
Además, los bancos han incrementado notablemente su recurso a las operaciones ordinarias de financiación del BCE. En lo que va de año, las solicitudes acumuladas rondan los 500.000 millones de euros, una tendencia que, si se mantiene, podría justificar la puesta en marcha de nuevas herramientas estructurales de liquidez.
Estas medidas ya estaban previstas en el marco operativo aprobado por el BCE en 2024 para adaptarse al entorno de tipos de interés más altos y al final de los programas extraordinarios de compra de deuda.
