En este contexto, el menor endeudamiento se explicaría por una fuerte desaceleración del crédito, pese a unos tipos de interés más elevados y un menor crecimiento de la renta. En un escenario base más favorable, la deuda se situaría en torno al 68,5% de los ingresos, según el Informe de Estabilidad Financiera.
Actualmente, el nivel de endeudamiento se mantiene estable y cercano a los mínimos desde el año 2000. En el cuarto trimestre de 2025, la ratio se situó en el 68,1%, claramente por debajo de la media de la eurozona, que alcanza el 82,3%. El supervisor destaca que el aumento del saldo de deuda ha sido compensado por el crecimiento de la renta, lo que permite que la ratio se mantenga contenida en los próximos años.
Asimismo, la deuda en relación con la riqueza bruta de los hogares ha descendido notablemente, situándose en el 7,1% en 2025, muy por debajo del 13,2% registrado en 2014. En comparación, la eurozona presenta un nivel superior, del 10,4%. Este ajuste refleja también cambios en la composición del patrimonio: los hogares con menor riqueza han aumentado el peso de activos líquidos como depósitos, mientras que los más ricos concentran cada vez más su patrimonio en vivienda, evidenciando dificultades de acceso a la propiedad.
En cuanto a la carga financiera, los intereses representaron el 2,3% de la renta en 2025, aunque el Banco de España prevé un aumento hasta entre el 2,9% y el 3,3% en 2028, impulsado por el encarecimiento de la financiación.
Por otro lado, la riqueza de los hogares creció un 8,6% interanual a finales de 2025, principalmente por la revalorización inmobiliaria. La renta también siguió aumentando, aunque a un ritmo más moderado: un 4,8% nominal y apenas un 0,6% en términos reales, reflejando una pérdida de poder adquisitivo.
En este entorno, el consumo privado mantuvo un crecimiento sólido del 3,1%, apoyado en el empleo y en la expansión del crédito al consumo. La tasa de ahorro se mantuvo estable en el 12%, un nivel todavía elevado en términos históricos.
En conjunto, el Banco de España dibuja un escenario de estabilidad en la deuda de los hogares, aunque advierte de una moderada presión al alza en los costes financieros en los próximos años.

