Este lunes había máxima expectación en la Sala Segunda del Tribunal Supremo ante la declaración del exministro y exnúmero tres del PSOE, José Luis Ábalos. El que fuera todopoderoso ministro de Fomento ha comenzando detallando cómo se forjó su relación con su hombre para todo, Koldo García, al tiempo que ha marcado distancias con el comisionista de Aldama.
Con chaqueta azul, camisa azul claro y pantalón beige, y rodeado de carpetas, Ábalos ha respondido con voz tranquila y segura a las preguntas del fiscal jefe anticorrupción. Según su testimonio, conoció a Koldo García a través de Santos Cerdán porque «necesitaba a alguien de confianza».
El exministro ha arremetido duramente contra Víctor de Aldama, a quien le presentó Koldo García. Ábalos le acusa de utilizar recursos del Gobierno en lo que ha calificado como una farsa, en referencia a una carta que Aldama entregó a Guaidó supuestamente en su nombre.
«Queda claro que no la firmé, queda claro que nunca la hice», ha asegurado Ábalos, quien ha añadido que valora tomar acciones legales: «alguna medida de carácter legal tendría que tomar frente a alguien que se aprovecha de instrumentos del gobierno». Para el exministro, este episodio se enmarca en la «impostura permanente de aquella persona que necesita demasiadas credenciales».
Ábalos ha calificado de «muy atrevido» el comportamiento de Aldama, afirmando que «no hace sino abundar en la farsa». Ha enumerado otras credenciales falsas que, según él, Aldama ha utilizado: «En poco tiempo ya hemos visto la de Oaxaca, la del cónsul honorario, bueno, luego vino la de Armenia, la carta Guaidó, la carta de Henry Ramos. En fin, me parece que que da sentido a toda una historia de impostura».
El exministro de Transportes ha subrayado ante el tribunal que es un caso «claramente mediático, juzgado desde hace tiempo y con condena clara», en el que productoras de televisión han pagado a «gente vulnerable» para «guionizarlas». «Es parte de toda la miseria de este proceso», ha denunciado el también exdirigente socialista a lo largo del interrogatorio del fiscal, en el que está negando, punto por punto, todas las acusaciones en su contra, como la presunta contratación irregular de sus exparejas Jéssica Rodríguez y Claudia Montes en empresas públicas.
Ábalos, ha insinuado que su expareja Jéssica Rodríguez había pactado su declaración en el juicio con Aldama, al que dijo no conocer. Ha aseverado que su expareja y Aldama se conocían. «No encuentro motivo alguno para que diga que no lo conoce salvo que haya un asunto que hayan arreglado», ha enfatizado.
El exministro ha afirmado que la relación con Jessica «no podía continuar» y ha criticado que este escándalo se haya convertido en el centro de la causa. En un tono más personal, Ábalos ha lamentado la repercusión mediática del caso, reconociendo que se ve a sí mismo como «carne de memes».
El ex ministro de Transportes ha desplegado su defensa más combativa ante el Tribunal Supremo, ironizando sobre la incapacidad de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil para localizar el dinero que el comisionista Víctor de Aldama asegura haberle pagado a lo largo de tres años.
Con una actitud desafiante que ha generado varios momentos de tensión con el fiscal jefe de Anticorrupción, Luzón, Ábalos ha tratado de ridiculizar la investigación patrimonial: en diez años analizados, los investigadores, dice, sólo han identificado movimientos en efectivo por valor de unos 94.000 euros.
«Para el gran caso de corrupción de las mascarillas, no ha habido forma de encontrarme nada más», ha espetado con sorna el acusado, que afronta una petición de 24 años de cárcel.
El ex dirigente socialista y hombre fuerte de Pedro Sánchez ha acusado a los investigadores de incurrir en un «sesgo permanente» al confeccionar sus informes, ignorando deliberadamente los ingresos de su entonces esposa, agente de policía local en Valencia, y los pagos en concepto de alquiler que recibía de Koldo García por un piso en Humilladero.
El ex ministro ha exhibido ante la sala copias de los informes de la UCO con fragmentos subrayados en naranja, señalando lo que considera errores metodológicos.
Ha explicado que durante su etapa como ministro vivía en la residencia oficial del Ministerio, que las comidas corrían frecuentemente a cargo del erario público y que utilizaba vehículo oficial, lo que hacía innecesario el uso habitual de efectivo. «Adquirí la práctica de la tarjeta y el Bizum», ha señalado para justificar la ausencia de reintegros en sus cuentas.
El encontronazo más vivo ha llegado cuando Luzón ha preguntado a Ábalos por las conversaciones en las que Koldo García y su entorno usaban los términos «folios» y «chistorras» para referirse supuestamente a billetes de 500 euros. Ábalos ha saltado de inmediato: «¿Es conmigo esa conversación?», ha preguntado con visible irritación, antes de que el presidente de la sala, Andrés Martínez Arrieta, tuviera que intervenir para reconducir el intercambio.
El ex ministro ha sostenido que esas conversaciones se producían entre Koldo García y Patricia Uriz, sin su participación. Para demostrar que sus peticiones de «folios» eran literales, ha llegado al absurdo de acreditar ante el tribunal su consumo de papel en el Ministerio. «Si fuera dinero no diría dame cajas de folios», ha argumentado. Ha calificado de «prueba diabólica» tener que demostrar que cuando pedía papel era papel de verdad.
Sobre la deuda con su ex asesor, Ábalos ha reconocido que le debe todavía unos 33.000 euros, dinero que Koldo García le adelantó, según su versión, para el pago de una pensión a un hijo sin que su entonces esposa tuviera conocimiento. «Como me imputan hasta las flores que regalaba, he tenido que descontar un ramito de 95 euros», ha ironizado, en una de las intervenciones más jocosas de la jornada.
Ábalos ha continuado desvinculándose de lo que considera un análisis sesgado. «En cuatro años no me han localizado cuentas, fondos… Sólo tienen los WhatsApp de Koldo», ha insistido.
Luzón ha replicado lacónicamente: «El dinero también se puede gastar». El ex ministro ha sido tajante: «Me han dejado en la cárcel sin ingresos. Si hubiera dinero, aflora, como lo vemos con los demás».
El acusado ha extendido su acidez al relato del empresario de Aldama, quien cifró entre 3,5 y 4 millones de euros las supuestas mordidas abonadas durante tres años. «En cada declaración me aumentan los millones. Yo estoy encantado», ha ironizado Ábalos, que ha preguntado al fiscal, entre risas, si él «no hablaba con rigor». La respuesta de Luzón ha sido seca: «No».
En el bloque anterior, Ábalos había negado que la trama le sufragara unas vacaciones en el chalet de Villa Parra a cambio de emitir un comunicado favorable al rescate de Air Europa. Ha insistido en que no existió tal nota de prensa, sino únicamente un texto elaborado por Pedro Saura que generó unas declaraciones «como fuentes».
Ha señalado directamente a Koldo García como el pagador del chalet, extremo que, según ha afirmado, fue corroborado por la propia compañía propietaria e incluso por el propio Aldama. Sobre el préstamo a Air Europa, ha reconocido que el Gobierno actuó «tarde» y fue «bastante rácano» en comparación con otras administraciones europeas.
