Aunque el volumen de deuda se mantuvo en el 83% del PIB, la organización prevé que suba al 85% en 2026 debido a nuevas necesidades de financiación.
La OCDE alerta de que las grandes economías afrontan un escenario complicado: mayores gastos en defensa, envejecimiento de la población e inversiones tecnológicas, mientras los ingresos públicos crecen a un ritmo limitado. Todo ello se produce en un contexto de desaceleración económica y de persistentes presiones inflacionistas.
El organismo advierte además de que el aumento de los tipos de interés ha encarecido la financiación. Para reducir costes, gobiernos y empresas han optado por emitir deuda a plazos más cortos, una estrategia que incrementa los riesgos de refinanciación, especialmente en economías emergentes.
Las necesidades de refinanciación alcanzaron en 2025 un máximo de 13,5 billones de dólares, cerca del 80% del endeudamiento bruto total, y podrían aumentar en otro billón durante 2026. Esta situación obligará a los Estados a destinar una parte creciente de sus presupuestos al pago de intereses.
La OCDE considera que la deuda puede ser una herramienta útil para financiar inversiones estratégicas, como la inteligencia artificial o la defensa, pero insiste en la necesidad de gestionar cuidadosamente los riesgos para evitar un deterioro adicional de las cuentas públicas.

