Según los últimos datos de la Agencia Ferroviaria Europea, los daños económicos provocados por fenómenos meteorológicos extremos superaron los 40.000 millones de euros en 2024, lo que representa un aumento del 160% respecto a hace diez años.
El informe alerta también de que las incidencias climáticas que afectan a la red ferroviaria han aumentado un 80% en la última década. Las lluvias torrenciales y los incendios forestales se han consolidado como las principales causas de interrupciones del servicio, deterioro de infraestructuras y cancelaciones de trenes.
España aparece entre los países más vulnerables de Europa, solo por detrás de Hungría, Países Bajos y Alemania en número de incidencias registradas. El mayor riesgo para la red española procede de las inundaciones y las riadas, que amenazan especialmente la estabilidad de las plataformas ferroviarias.
Ante este escenario, expertos del sector reclaman acelerar la adaptación técnica de trenes e infraestructuras a condiciones cada vez más extremas..
Entre las medidas que se estudian figuran trenes capaces de operar con temperaturas de hasta 55 grados centígrados, muy por encima de los estándares tradicionales, así como soluciones para reducir el calentamiento de las vías, como el pintado de carriles en colores más reflectantes.
La industria ya ha comenzado a responder a este desafío. Los nuevos trenes encargados para la red Eurostar, por ejemplo, elevan la resistencia térmica de sus materiales de 45°C a 55°C para evitar deformaciones en los raíles y fallos en los sistemas de refrigeración durante las olas de calor.
