El flujo de cupones debería sostener los retornos en los próximos meses, aunque por debajo de las expectativas iniciales. A ello se suma la persistencia de tensiones geopolíticas que complican el escenario y exigen seguimiento, dada su capacidad de afectar a la inflación, al crecimiento y a la política monetaria.
A pesar de este contexto, la visión sobre la clase de activo sigue siendo atractiva. Los bonos corporativos del segmento high yield ofrecen actualmente una rentabilidad del 5,2%, lo que ha generado flujos de entrada considerables. Los diferenciales frente a los bonos del Tesoro de vencimiento equivalente rondan los 73 puntos básicos, niveles cercanos a los mínimos del año, con margen para estrecharse hasta la zona de 60 puntos básicos, cotas no vistas desde 1997. En aquel año, incluso con el bono a diez años en el 6,9%, los inversores seguían demandando el rendimiento adicional que ofrecían los corporativos con grado de inversión, que terminaron el ejercicio con retornos totales del 10%.
La demanda se mantiene sólida. El mercado se acerca al billón de dólares en nuevas emisiones en lo que va de año, cifra que supone un incremento superior al 20% respecto al mismo periodo del año anterior. Más de 100.000 millones de dólares provienen de grandes plataformas tecnológicas como Amazon, Alphabet y Meta, operaciones que atrajeron una demanda extraordinariamente robusta. Los temores a un exceso de oferta no se han materializado. La liquidez disponible y la preferencia de los inversores por activos de calidad han facilitado la absorción de las nuevas emisiones sin generar presión sobre los diferenciales.
La calidad crediticia del emisor constituye otro elemento diferenciador. Muchas grandes compañías, en particular del sector tecnológico, generan flujos de caja significativos y presentan balances sólidos con calificaciones elevadas, lo que contrasta con los excesos observados en ciclos anteriores como el de finales de los años noventa. El valor de la liquidez es, además, cada vez más evidente, los mercados públicos de crédito con grado de inversión ofrecen liquidez diaria, a diferencia del crédito privado, donde pueden aplicarse restricciones de reembolso.
Desde una perspectiva sectorial, el enfoque es diversificado, con preferencia por los bancos globales, las utilities vinculadas a la demanda energética generada por la inteligencia artificial y determinados segmentos del sector tecnológico. Los diferenciales no presentan niveles especialmente baratos. No se trata de un mercado para la búsqueda de gangas, sino para la construcción de carteras bien diversificadas entre emisores con calificaciones A y BBB.
En cuanto a las perspectivas, no es necesario esperar a la Reserva Federal para actuar. Los mercados suelen anticiparse a los movimientos de política monetaria y los niveles de rendimiento actuales ya resultan atractivos. Incluso en ausencia de recortes de tipos, el carry supone una fuente de retorno relevante. La rentabilidad inicial continúa siendo uno de los indicadores primarios de los retornos esperados a medio plazo, por lo que no sorprendería que los bonos corporativos con grado de inversión generasen rendimientos superiores al 5% en el horizonte próximo.
En este entorno, la gestión activa adquiere un papel decisivo. En un mercado con cerca de dos billones de dólares en nuevas emisiones anuales y una dimensión global próxima a los diez billones, un enfoque dinámico permite capturar oportunidades en nuevas emisiones, duración, sectores y valor relativo. El crédito con grado de inversión se consolida así como un componente central en carteras diversificadas, ofreciendo rentas, estabilidad relativa y diversificación frente a activos de mayor riesgo.
