Los expertos descartan un riesgo inmediato de desabastecimiento, pero advierten de que el principal problema será el precio. Una combinación de invierno severo, interrupciones en el suministro de gas natural licuado desde Oriente Próximo y mayor competencia de Asia podría tensionar el mercado.
Bruselas ha pedido a los Estados miembros que adopten medidas para reducir la demanda de gas y electricidad y mantener el ritmo de llenado de los almacenamientos. La preocupación llega mientras el precio del gas de referencia en Europa se ha disparado más de un 130% desde el inicio de la crisis en Oriente Próximo.
El reto se complica de cara a 2027, cuando entre plenamente en vigor la prohibición de contratos de gas ruso a largo plazo, aumentando la dependencia de otros proveedores.
España parte de una posición algo más favorable. Sus reservas alcanzan el 73,9%, por encima de la media europea, gracias a su elevada capacidad de regasificación y a una cartera más diversificada de suministradores. Sin embargo, el sector advierte de que el país tampoco es inmune al impacto de unos precios energéticos más altos sobre hogares e industrias.
