Comisariada por Guillermo Solana en estrecha colaboración con Juszkiewicz, la exposición reúne más de una veintena de pinturas realizadas entre 2013 y la actualidad, en su mayoría pertenecientes a los últimos años de producción de la artista, entre las que se incluye un conjunto de obras concebidas específicamente para esta exposición.
Desde hace más de una década, Ewa Juszkiewicz reinterpreta la tradición del retrato europeo a través de la distorsión y la transformación, replanteando antiguas convenciones del género. Desde 2011 desarrolla una serie de pinturas inspiradas en el retrato femenino, especialmente de los siglos xviii y xix, cuyo rasgo más característico es la ocultación de los rostros de sus modelos mediante elaboradas composiciones de telas, cabellos, flores, frutas y formas orgánicas. Partiendo tanto de la pintura histórica como de la sensibilidad disruptiva del surrealismo, Juszkiewicz transforma los retratos tradicionales en complejas reinterpretaciones contemporáneas, cuestionando los ideales de belleza femenina establecidos durante siglos, las expectativas sociales y la forma en que la mujer ha sido representada históricamente.
Mediante una técnica refinada y un lenguaje visual que se hace eco de la estética de sus referentes, Juszkiewicz combina un enfoque pictórico tradicional con gestos subversivos, con una paleta más viva y saturada y un tratamiento inconfundiblemente contemporáneo.
Con esta transformación del retrato histórico, Juszkiewicz amplía y redefine los límites del propio género. Sus obras cuestionan qué puede representar hoy el retrato, así como las ideas convencionales de identidad, semejanza y presencia. Situadas entre lo humano y lo no humano, abren nuevas interpretaciones desde una mirada histórica y contemporánea.
En la tradición del retrato europeo de los siglos xviii y xix no solo la vestimenta, la pose o el entorno actuaban como reflejo de expectativas sociales y normas culturales, sino también el propio rostro. Muchos retratos femeninos de este periodo estaban marcados por ideales de belleza que respondían a normas de decoro y restricción social. Es precisamente esa relación entre belleza y contención la que se sitúa en el núcleo de la obra de Juszkiewicz. Al ocultar el rostro, la artista desplaza la atención hacia elementos como telas, flores o frutas, muchos de ellos vinculados a la pintura de bodegón y a la tradición decorativa. Con ello, Juszkiewicz subraya cómo las figuras femeninas fueron concebidas como sujetos estéticos dentro del retrato histórico, al tiempo que otorga nuevos significados a esos objetos decorativos. A través de estas intervenciones, las figuras de sus pinturas escapan de interpretaciones fijas y abren cada imagen a múltiples lecturas.
Ewa Juszkiewicz.
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
26 de mayo al 6 de septiembre de 2026.
Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid.
Horario: Los Lunes de Mastercard, de 12 a 16 horas (entrada gratuita); de martes a domingo, de 10 a 19 horas.
