Martínez Bravo pidió cese por motivos personales. Es doctora en Economía y formó parte del equipo que impulsó, desde el Gobierno, el Ingreso Mínimo Vital (IMV). También fue secretaria de Estado de Inclusión en el ministerio que encabeza Elma Saiz. Durante su etapa, ha impulsado un acuerdo que equiparará las condiciones laborales de los trabajadores del sector social concertado con los públicos. También refundó el área de atención a la infancia y adolescencia tras varios escándalos.
Su relevo pilló por sorpresa a la clase política catalana, ya que era una de las consejeras mejor valoradas junto al titular de Agricultura, Òscar Ordeig, quien desde el pasado otoño lidia con un brote de Peste Porcina Africana (PPA) que amenaza a una de las mayores industrias exportadoras a nivel autonómico y nacional.
Siguen en sus cargos algunos de los consellers que más críticas han recibido. Es el caso de Sílvia Paneque (Territori), Esther Niubó (Educación) y Olga Pané (Salud). La primera ha tenido que lidiar con la crisis ferroviaria, y las otras, con huelgas reiteradas en sus respectivos sectores.
Fuentes socialistas aseguran que una opción que cobra fuerza es que en otoño, y cuando queden medio año para las próximas elecciones municipales, tenga lugar una crisis de gobierno más profunda que la de ayer. Paneque sería la cabeza de lista del PSC en el Ayuntamiento de Girona, y Niubó, en Castelldefels (Barcelona).
A la espera de que estos movimientos se confirmen, el president, Salvador Illa llegará a principios de agosto en el ecuador de su mandato. Tiene la gobernabilidad asegurada, tras la aprobación a principios de julio con el apoyo de ERC y En Comú de los primeros Presupuestos catalanes desde 2023.

