Así se desprende del informe ‘El problema de la concentración inmobiliaria en España’, elaborado por el Ministerio de Consumo en colaboración con el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IFS-CSIC)..
En 14 años los hogares propietarios han descendido del 79% al 63,9%. En ese mismo periodo, los hogares que viven de alquiler han aumentado del 11,9% al 19,2% y los hogares de caseros han pasado de representar el 3% al 9,8% del total, según confirmó este lunes el ministerio en un comunicado. En 2008, la mayoría de los propietarios tenía un solo inmueble (53,9%), mientras que el 46,1% poseían dos o más. En 2025, esta relación se ha invertido: los propietarios con un único inmueble representan el 48,3%, frente al 51,7% que tienen dos o más. “Para entender cómo se ha producido el cambio, hay que tener en cuenta que entre 2008 y 2025 el parque inmobiliario creció en torno a dos millones, pero el crecimiento no se repartió de forma equilibrada”, abundó el ministerio.
Según el informe, los propietarios con un solo bien redujeron su peso un 3,7%, mientras que aquellos con dos propiedades aumentaron un 8,1%. A partir de ahí, el incremento es progresivo: los propietarios con tres bienes crecieron un 22,5%; los que poseen cuatro, un 32,2%; los de cinco, un 43,1% y aquellos con entre seis y diez bienes, un 51,6%.
Los propietarios con un solo inmueble redujeron su peso un 3,7 % pero quienes tenían entre seis y diez aumentaron un 51,6 %. Los grandes tenedores —más de diez inmuebles— multiplicaron su patrimonio inmobiliario por más de cuatro, pasando de 138.000 a 626.000 inmuebles.
En concreto en 14 años, han crecido dos grupos en los extremos: por un lado, los hogares sin propiedades, que aumentaron un 63%; y por otro, los hogares con dos o más inmuebles, que crecieron un 54%. Mientras tanto, los hogares con una sola propiedad, que durante décadas fueron el grupo mayoritario en España, se redujeron un 22%.
El informe constata que España tiene más inmuebles que hace quince años, pero ese aumento no ha servido para incorporar a más hogares a la propiedad, sino para reforzar la posición de quienes ya estaban dentro del mercado y, especialmente, de quienes ya acumulaban varios inmuebles. En este contexto, concluye que la crisis de la vivienda es también una crisis de desigualdad patrimonial. “Los datos muestran que cada vez más hogares quedan excluidos del acceso a la propiedad, mientras una proporción creciente de inmuebles se concentra en manos de quienes ya poseen varias propiedades”, sentenció el ministerio.
“Si esta tendencia continúa, la vivienda dejará de funcionar como un mecanismo de seguridad, de integración social y de acceso al bienestar para convertirse, cada vez más, en una fuente de desigualdad persistente”.
