La tasa interanual se ralentizó del 5,0% al 4,3% y se situó en la banda baja del objetivo oficial para este año (4,5%-5,0%) y algo por debajo de lo esperado por el consenso de analistas y de la previsión de CaixaBank Research (4,5%).
Dato
El PIB de China creció un 4,3% interanual en el 2T 2026, una ralentización con respecto al trimestre anterior (5,0%) y se sitúa ligeramente por debajo de lo esperado por el consenso de analistas y de la previsión de CaixaBank Research (4,5%). En términos intertrimestrales, el PIB registró un crecimiento del 0,9%, una desaceleración con respecto al trimestre anterior (1,3%).Los indicadores de actividad mensuales muestran una aceleración en junio. La producción industrial registró un crecimiento robusto (+5,3% interanual vs. 4,5% en mayo), mientras que las ventas minoristas se han recuperado, aunque siguen manteniendo un crecimiento débil (+1,0% interanual vs. –0,6% en mayo). La inversión fija en zonas urbanas sigue contrayéndose (–4,1% interanual hasta junio, –3,8% en 2025), evidencia de la fragilidad de la demanda interna, mientras que el sector exterior se sigue mostrando como la principal palanca de crecimiento del gigante asiático.
Valoración
El PIB de China creció un 0,9% en el 2T 2026 respecto al trimestre anterior, por debajo del crecimiento registrado en el 1T (1,3%) y su ritmo más bajo desde finales de 2022. La tasa interanual se ralentizó del 5,0% al 4,3% y se situó en la banda baja del objetivo oficial para este año (4,5%-5,0%) y algo por debajo de lo esperado por el consenso de analistas y de la previsión de CaixaBank Research (4,5%).A la espera de disponer del desglose por componentes del 2T 2026, los indicadores de actividad de alta frecuencia muestran una recuperación en junio:
Consumo: en junio, se observó una cierta recuperación del crecimiento de las ventas minoristas (+1,0% interanual vs. –0,6% en mayo), un dato que aun así muestra la debilidad del consumo y mantiene la tendencia de ralentización progresiva (+0,2% en el 2T, vs. 2,3% en el 1T, 3,8% en 2025). Aunque la crisis energética global puede ayudar a explicar una cierta precaución de los hogares en los últimos meses, la economía china muestra unos niveles de consumo crónicamente bajos, amplificados por la caída de los niveles de confianza de los consumidores tras la crisis del sector inmobiliario. Por otro lado, los últimos datos apuntan a un buen comportamiento de los servicios a lo largo del trimestre.Inversión: la formación bruta de capital fijo en áreas urbanas registró una caída del 5,7% hasta junio (vs. –4,1% hasta mayo, +1,7% hasta marzo), y parece volver a la tendencia negativa observada en 2025 (–3,8% en el conjunto del año), explicada sobre todo por la fuerte contracción observada en el sector inmobiliario, pero también por la desaceleración del apoyo fiscal (la inversión en infraestructuras cayó un 2,4% hasta junio). Actividad: la producción industrial se expandió un 5,3% interanual en junio (vs. 4,5% en mayo, 6,0% en el 1T 2026), un ritmo de crecimiento aún robusto en un contexto de debilidad de la demanda interna, gracias al fuerte dinamismo del sector exportador.
Sector exterior: las exportaciones chinas han crecido un 27,0% interanual en junio (vs. 19,4% en mayo), en términos nominales, y han situado el ritmo de crecimiento medio este año cerca del 20%, un nivel apenas comparable al de los años 2000 y al rebote pospandemia. En particular, han destacado las exportaciones de productos electrónicos, de automóviles y de tecnologías verdes. Los semiconductores han mantenido ritmos de crecimiento muy elevados (+122% en junio, vs. 111% en mayo), por el boom inversor relacionado con la IA a nivel global, que también está causando un repunte de precios de los chips, mientras que las exportaciones de automóviles se han acelerado (+72% en junio, vs. +39% en mayo), encabezadas por los coches eléctricos. Por otro lado, las importaciones crecieron un 36% interanual (vs. 27,4% en mayo), un crecimiento explicado, sobre todo, por el repunte global de precios observado en semiconductores y en la energía.
Tras la publicación del dato del 2T, mantenemos nuestra previsión de crecimiento de la economía china para 2026 en el 4,5%. A pesar del aumento de la incertidumbre a nivel global y de la crisis energética observada a lo largo de los últimos meses, la economía china ha mostrado un comportamiento robusto en la primera mitad del año. Con todo, China seguirá enfrentándose a retos importantes. A corto plazo, el shock negativo de oferta causado por la crisis energética y el shock de demanda positivo del boom inversor de la IA siguen actuando en direcciones opuestas y han permitido mantener el crecimiento de la economía china alrededor del objetivo oficial. En este contexto, un recrudecimiento de las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo traería riesgos a la baja al crecimiento, como un posible enfriamiento de la inversión en IA. Eso sí, en un entorno en el que las presiones inflacionistas en China permanecen controladas, tanto la política fiscal como la monetaria podrían actuar como colchón. A medio plazo, dominan los riesgos a la baja. A nivel interno, la crisis del sector inmobiliario sigue amplificando las dificultades de la demanda interna, en un contexto en el que las autoridades chinas parecen seguir apostando por la «seguridad económica» y muestran un apetito limitado por introducir reformas estructurales que permitan reforzar el papel del consumo privado. A pesar de que el sector exportador chino ha logrado mantener un sorprendente dinamismo en los últimos años y sigue mostrándose como la principal palanca de crecimiento del gigante asiático, en un contexto geoeconómico particularmente difícil, la ralentización de la demanda interna observada en los últimos meses corrobora su fragilidad crónica y añade riesgos a las perspectivas de crecimiento a medio plazo.
Por otro lado, en el frente externo, el excedente comercial creciente de China va generando cada vez más alarmas, en economías avanzadas y también en emergentes, lo que podría aumentar las barreras comerciales y reforzar la tendencia de fragmentación comercial a nivel global. Aunque la reciente cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping parece haber logrado estabilizar las relaciones entre China y EE. UU., la gestión de la rivalidad entre ambas potencias, y de sus múltiples derivadas (económicas, geopolíticas, tecnológicas y medioambientales), permanece como el principal reto a largo plazo.

