«La crisis energética desencadenada por el cierre del estrecho de Ormuz está repercutiendo en la economía mundial, y aún no se conoce con claridad la magnitud total de su impacto», explica Lauro, economista sénior para Europa y especialista en clima de Schroders. La experta considera que el escenario actual recuerda a las grandes crisis del petróleo de los años 70 y advierte de que sus consecuencias «podrían perdurar durante décadas». Según Lauro, el impacto será especialmente intenso en Asia, ya que la región importa más del 80% del petróleo y gas que atraviesa el estrecho de Ormuz. Sin embargo, Europa «está lejos de estar aislada».
«Los precios de la energía se fijan en mercados globales, y una carrera por los cargamentos de GNL entre Europa y Asia podría mantener los precios elevados durante más tiempo», señala.
Schroders destaca que España, Italia y Alemania importan más de dos tercios de su energía, lo que aumenta su vulnerabilidad ante el encarecimiento de los combustibles fósiles y las interrupciones comerciales. «Una carrera por los cargamentos de GNL entre Europa y Asia podría mantener los precios elevados durante más tiempo» «Con las rutas comerciales interrumpidas y los costes energéticos al alza, estas economías se enfrentan a una amenaza clásica de estanflación: un crecimiento más débil junto con una renovada presión inflacionista», advierte Lauro.
La gestora subraya además que las crisis energéticas rara vez terminan con una simple normalización de precios y suelen provocar cambios estructurales profundos. «Los gobiernos y las empresas se ven obligados a reevaluar urgentemente su resiliencia, diversificar el suministro y acelerar la inversión en sistemas energéticos menos volátiles y menos expuestos a las disrupciones geopolíticas», explica.
En este contexto, Schroders cree que el actual shock energético podría terminar acelerando la transición energética y reforzando el atractivo de las energías renovables. La entidad habla incluso de un posible «dividendo de la descarbonización», ya que «la energía local y baja en carbono reduciría la dependencia de las importaciones». La gestora recuerda que algo parecido ya ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando Europa se vio obligada a replantear su estrategia energética y acelerar el despliegue de renovables. «En 2025, la energía eólica y solar generaron más electricidad en la UE que los combustibles fósiles por primera vez», destaca Lauro. Schroders cree que esta mayor penetración de renovables ha ayudado a reducir parte de la vulnerabilidad energética europea frente a nuevas crisis externas.
El informe también repasa cómo las grandes crisis petroleras de los años 70 transformaron las políticas energéticas de varios países. Francia apostó masivamente por la energía nuclear tras el Plan Messmer, mientras Dinamarca impulsó tanto la producción nacional de hidrocarburos como la energía eólica. Italia, en cambio, mantuvo durante décadas una elevada dependencia exterior mediante la diversificación de proveedores de gas y petróleo, una estrategia que terminó aumentando la exposición europea al gas ruso antes de la guerra de Ucrania.
Para Schroders, la actual crisis vuelve a demostrar que «la seguridad energética es un factor adicional que impulsa la transición para abandonar los combustibles fósiles».
