En primer lugar, es justo reconocer que el paquete de medidas aprobado por el Gobierno el pasado viernes 20 de marzo responde a una situación compleja y potencialmente desestabilizadora, aunque hubiera sido deseable aún más rapidez. El objetivo principal parece claro: contener el impacto de la inflación sobre los hogares y evitar una caída brusca del consumo. En este sentido, las reducciones fiscales sobre la energía, el refuerzo de los mecanismos de protección social y las ayudas a determinados sectores cumplen esa función. Mantener la capacidad de gasto de las familias es esencial para sostener su capacidad de compra y la actividad en sectores clave para la economía madrileña, como el comercio, la hostelería o los servicios.
Sin embargo, desde la perspectiva del tejido empresarial de Madrid, esta respuesta presenta una limitación evidente: su orientación se centra principalmente en el lado de la demanda, mientras que resulta menos ambiciosa en el impulso directo a la actividad productiva. Proteger al consumidor es necesario, pero no suficiente. Las empresas no solo necesitan clientes, sino también condiciones adecuadas para producir, invertir y crecer en un entorno cada vez más exigente.
Ámbito energético
El ámbito energético constituye, sin duda, el núcleo de la crisis actual y también el eje central de las medidas adoptadas. La subida de los precios del petróleo y del gas, derivada en gran medida de la inestabilidad en Oriente Medio, actúa como un factor de presión transversal sobre toda la economía. En este sentido, las actuaciones dirigidas a aliviar el coste energético, especialmente para los sectores más intensivos, son acertadas y necesarias. No obstante, muchas de estas medidas tienen un carácter coyuntural y limitado en el tiempo.
Desde el punto de vista empresarial, el problema no es únicamente el nivel actual de los precios, sino la persistencia de un modelo energético que sigue expuesto a fuertes oscilaciones externas. La ausencia de una intervención más estructural sobre el coste sistémico de la energía limita el alcance de las medidas. Para muchas pequeñas y medianas empresas madrileñas —especialmente en el ámbito del comercio, la logística o los servicios— el impacto del encarecimiento energético sigue siendo significativo y, en muchos casos, difícil de trasladar a precios finales.
En lo que respecta al apoyo directo a las empresas, el paquete incorpora instrumentos a valorar, como la prórroga del denominado “escudo contable”, que permite evitar la disolución de empresas en situaciones de pérdidas temporales, o las ayudas a sectores especialmente expuestos al comercio internacional. Y también deben valorarse positivamente los mecanismos de flexibilidad laboral, que en momentos de incertidumbre pueden facilitar la adaptación de las empresas sin recurrir a medidas más traumáticas.
Medidas fragmentadas
Sin embargo, la sensación general en el tejido empresarial madrileño es que estas medidas resultan fragmentadas y, en algunos casos, excesivamente focalizadas. La estructura económica de Madrid se apoya en una amplia base de pequeñas y medianas empresas de servicios que no siempre encajan en los esquemas sectoriales de ayudas. Para muchas de ellas, el apoyo recibido es limitado o indirecto, lo que reduce la efectividad global del paquete.
Además, algunas decisiones introducen elementos de incertidumbre que no pueden ser ignorados. Las medidas de intervención en precios o márgenes, aunque puedan estar justificadas en contextos excepcionales, generan inquietud en el ámbito empresarial. La estabilidad regulatoria es un factor clave para la inversión, y cualquier percepción de intervención excesiva puede afectar negativamente a la confianza. Madrid, como principal centro económico y financiero del país, es especialmente sensible a este tipo de señales.
Uno de los aspectos más preocupantes del paquete es, quizá, la escasa atención prestada a la dimensión logística y a las cadenas de suministro. La crisis actual no es solo energética; es también una crisis de flujos comerciales. El encarecimiento del transporte marítimo, los desvíos de rutas y el aumento de los tiempos de entrega están afectando de forma directa a las empresas españolas. Sin embargo, no se observa una estrategia integral que aborde estos desafíos de manera estructural. Para una región como Madrid, que actúa como nodo logístico nacional y depende en gran medida de la distribución de bienes, esta carencia es especialmente relevante.
Necesaria más certidumbre
En términos generales, el paquete de medidas responde a una lógica de corto plazo. Su objetivo es amortiguar el impacto inmediato de la crisis y ganar tiempo en un entorno de elevada incertidumbre. Esta aproximación es comprensible, pero no puede ser la única. El verdadero desafío consiste en anticipar escenarios más prolongados y complejos, y en diseñar políticas que refuercen la resiliencia del tejido productivo en el medio y largo plazo.
En este sentido, creo que es necesario avanzar en tres grandes líneas de actuación. En primer lugar, profundizar en la transformación del modelo energético hacia energías más estables y sostenibles. En segundo lugar, reforzar el apoyo a la inversión empresarial, especialmente en innovación, digitalización y diversificación de mercados. Y, en tercer lugar, garantizar un entorno regulatorio predecible que favorezca la toma de decisiones a largo plazo.
Madrid cuenta con fortalezas evidentes para afrontar este contexto. Su economía es diversificada, abierta y altamente competitiva. La presencia de servicios avanzados, la capacidad de atracción de talento y el dinamismo empresarial constituyen ventajas que nos permiten resistir mejor los impactos externos. Sin embargo, también somos especialmente dependientes de la confianza y del ciclo económico global. Por eso, las decisiones que se adopten en materia de política económica tendrán un impacto directo sobre nuestra capacidad de seguir creciendo.
Las medidas aprobadas por el Gobierno son, en definitiva, un paso necesario, pero no suficiente. Han contribuido a contener los efectos más inmediatos de la crisis, pero deben complementarse con una visión más amplia y ambiciosa. El tejido empresarial madrileño necesita certidumbre, apoyo efectivo y un marco que incentive la inversión y el crecimiento.
En momentos de incertidumbre, la tentación puede ser limitarse a proteger. Pero la verdadera fortaleza de una economía reside en su capacidad para avanzar incluso en contextos adversos. Nuestro objetivo no debe ser únicamente resistir la crisis, sino salir de ella más fuertes, más competitivos y mejor preparados para los desafíos del futuro.
Desde la Cámara de Comercio de Madrid estamos intensificando nuestro apoyo al tejido empresarial para ayudarle a anticipar riesgos y tomar decisiones con mayor seguridad. Ponemos a disposición de las empresas servicios de asesoramiento en internacionalización, análisis de mercados, gestión de riesgos y cumplimiento normativo, así como programas de acompañamiento en digitalización, eficiencia energética y diversificación de proveedores. Asimismo, reforzamos la información estratégica y la formación especializada para que nuestras pymes puedan adaptarse con agilidad a un entorno cambiante. Nuestro objetivo es claro: que ninguna empresa madrileña afronte sola este escenario y que cuente con las herramientas necesarias no solo para resistir, sino para seguir creciendo incluso en un contexto de elevada incertidumbre.
Como presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, mi compromiso es seguir defendiendo los intereses de nuestras empresas, proporcionarle los servicios adecuados, a la vez que apoyar el diálogo constructivo y contribuir a la creación de un entorno económico que permita a Madrid seguir siendo el motor de crecimiento de España.
