Así lo señala un informe de Coface, que advierte además de un nuevo ciclo alcista en los precios de los metales.
Según la compañía, el crecimiento de sectores como las energías renovables, los vehículos eléctricos, las baterías, las redes eléctricas y los centros de datos elevará de forma significativa el consumo de materias primas. Para 2035, las tecnologías limpias podrían representar el 35% de la demanda global de cobre y níquel.
La oferta, sin embargo, afronta importantes limitaciones. Menos del 1% de los proyectos de exploración minera llegan a convertirse en minas operativas, mientras que los plazos de desarrollo se alargan y aumentan los costes de producción. A ello se suma una fuerte concentración geográfica de la producción y el refinado, especialmente en países como Indonesia y China, además del creciente número de restricciones comerciales.
Coface estima que el déficit de cobre podría situarse entre 1,5 y 6,5 millones de toneladas en 2035, mientras que el del aluminio oscilaría entre 5 y 15 millones. En el caso del níquel, el desequilibrio rondaría los 6,5 millones de toneladas, cerca del 35% de la demanda prevista. Esta tensión entre oferta y demanda presionará al alza los precios.
El informe prevé que el cobre y el níquel podrían casi duplicar su valor en la próxima década, mientras que el aluminio también registrará importantes subidas. Ante este escenario, garantizar el acceso a metales críticos, impulsar el reciclaje y reducir la intensidad de materiales serán factores clave para la competitividad industrial.
