En concreto, según el análisis que acaba de concluir la Oficina de Presupuestos del Congreso el conflicto en Oriente Próximo ha costa ya a Estados Unidos unos 40.000 millones de dólares (35.000 millones de euros), el equivalente a cinco años de munición y medio punto de aumento de la inflación, en año de elecciones legislativas.
El informe publicado por la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), un organismo independiente y no partidista, calcula que la guerra con Irán ha supuesto un gasto de 38.000 millones de dólares al contribuyente estadounidense entre el 28 de febrero y el 1 de agosto. A partir de ahí, estima que cada mes adicional de conflicto aportará unos 3.000 millones de dólares de coste adicional. A mediados de septiembre, la cifra habría superado por tanto la cota de los 40.000 millones.
El análisis revela que la factura más abultada la arroja el consumo de municiones, por 21.700 millones de dólares. La partida incluye 7.300 millones para misiles de crucero de ataque terrestre (Tomahawk y JASSM), 13.100 millones para interceptores de defensa antimisiles (Patriot, THAAD, SM-3 y SM-6) y 1.200 millones para otras municiones.
El segundo mayor consumo de fondos procede del aumento de las horas de vuelo respecto a tiempos de paz, que encarece el gasto del Pentágono en unos 10.400 millones de dólares. Este apartado incluye 3.400 millones de dólares por el uso de aviones tácticos de la Fuerza Aérea, 4.600 millones en bombarderos y aviones de apoyo de la misma división, y 2.400 millones en aviones tácticos de la Marina operados desde portaaviones y buques anfibios.
En tercer lugar, las fuerzas militares estadounidenses habrían elevado sus costes de combustible en 2.700 millones dólares como consecuencia del conflicto en Oriente Próximo. La cifra engloba un recargo de 835 millones por los servicios militares adicionales prestados y la pérdida de 1.822 millones por parte de la Agencia de Logística de Defensa (DLA) en su operativa de venta de combustible.
De otra parte, el informe detalla que el Departamento de Defensa tendrá que modificar sus planes para reemplazar equipamiento perdido durante la batalla por valor de 1.900 millones. La suma incluye la destrucción por parte de Irán de un radar THAAD AN/TPY-2 (valorado en unos 500 millones de dólares), drones MQ-9 y MQ-4C, y aeronaves.
Finalmente, se ha detectado un incremento del gasto del 10% en la operativa de buques de la Marina y unidades terrestres del Ejército, la movilización de reservistas y pagos especiales por riesgo de fuego enemigo que aportan otros 1.500 millones de gasto. La CBO aclara que el Departamento de Defensa no ha facilitado el coste de la reconstrucción de bases militares estadounidenses dañadas en Oriente Próximo, por lo que la cifra real de costes acumulados sería aún mayor.
En términos operativos, el informe advierte de que «el principal coste de oportunidad del conflicto hasta ahora ha sido el gran gasto en interceptores antimisiles, lo que dejará a EEUU con un inventario reducido durante años. El Pentágono habría gastado «entre la mitad y dos tercios de su inventario de municiones» lo que resultaría «especialmente problemático si surgiera un conflicto con un oponente cuyo arsenal incluyera un gran número de misiles balísticos y de crucero», advierte, alertando de que China mantiene ese tipo de reservas y probablemente las usaría si inicia un conflicto militar para anexionarse Taiwán.
