Aunque la cifra está lejos de los máximos registrados tras la invasión de Ucrania, un aumento sostenido de los precios erosiona rápidamente el poder adquisitivo de los hogares, especialmente de aquellos cuyos salarios no crecen al mismo ritmo.
La principal consecuencia es una pérdida de renta real. Las familias necesitan destinar más recursos a gastos básicos como energía, transporte o alimentación, reduciendo su capacidad de ahorro y consumo. Para millones de trabajadores, incluso aquellos con convenios colectivos que contemplan subidas salariales, la compensación sigue siendo insuficiente para neutralizar completamente el impacto de los precios.
Las empresas tampoco salen indemnes. El encarecimiento de los costes energéticos, financieros y laborales presiona los márgenes y dificulta la inversión. En sectores con escasa capacidad para trasladar esos aumentos a los consumidores, la rentabilidad se resiente y pueden aplazarse proyectos de crecimiento o contratación.
A nivel macroeconómico, una inflación del 4,9% complica además la labor del Banco Central Europeo. Cuanto más persistan las tensiones inflacionistas, más difícil será una relajación de la política monetaria, manteniendo elevados los costes de financiación para familias, empresas y administraciones públicas.
El riesgo más preocupante es que la inflación deje de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en estructural. Si los salarios intentan recuperar terreno mientras los costes energéticos siguen al alza, podría generarse una dinámica de aumentos de precios difícil de contener.
Por ello, la prioridad económica debería centrarse en impulsar la productividad, aumentar la oferta en sectores tensionados como la vivienda y la energía, y proteger a los colectivos más vulnerables. La inflación no solo encarece la vida diaria: también reduce la competitividad, frena el crecimiento y debilita la confianza de consumidores e inversores. Una tasa cercana al 5% puede parecer manejable en comparación con episodios recientes, pero sigue siendo demasiado alta para una economía que aspira a crecer de forma sostenible.
