España se situó en agosto como el segundo país de la Unión Europea con mayor incremento de los precios de los alimentos, con una subida interanual del 2,3%, solo por detrás de Chipre (3,8%), según datos de Eurostat. Entre las grandes economías europeas, Francia e Italia registraron aumentos del 1,1%, mientras que Alemania apenas alcanzó el 0,2%.
La presión inflacionista sobre la cesta de la compra continúa intensificándose. De hecho, en septiembre la subida de los alimentos escaló hasta el 2,7%, reflejando una tendencia más acusada que en la mayoría de socios comunitarios.
Las cadenas de supermercados aseguran que están absorbiendo parte de los costes mediante mejoras de eficiencia y ajustes de márgenes para evitar trasladar todo el impacto a los consumidores. Sin embargo, advierten de que esta estrategia tiene un límite si persisten las tensiones en energía, transporte y materias primas.
Según Asedas, el sector acumula más de 130 millones de euros en sobrecostes derivados del encarecimiento energético y de los combustibles. Entre los factores más influyentes destacan el aumento de los costes eléctricos, el alza del gasóleo y el encarecimiento de los materiales utilizados en envases y embalajes.
Por su parte, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) considera insuficientes las medidas adoptadas hasta ahora por el Gobierno y reclama ayudas directas, así como mayores facilidades de financiación, para evitar que el incremento de los costes energéticos y logísticos termine repercutiendo plenamente en los precios finales y en la competitividad de las empresas.

