Según un estudio de TransUnion, solo el 47% de los consumidores confía en que sus finanzas mejoren en los próximos 12 meses, frente al 55% de finales de 2025. Al mismo tiempo, el porcentaje de quienes se muestran pesimistas ha aumentado del 17% al 22%.
La principal preocupación es la inflación. El 79% de los encuestados señala el encarecimiento de productos básicos, alimentos y combustibles como la mayor amenaza para la economía familiar. A ello se suma la crisis de la vivienda, citada por la mitad de los participantes junto con la incertidumbre laboral.
Los jóvenes son los más afectados. La generación Z y los millennials han visto empeorar sus expectativas de ingresos y han intensificado los recortes de gasto, especialmente en servicios digitales. El informe relaciona esta situación con el elevado paro juvenil y unos salarios significativamente inferiores a los de los trabajadores de más edad.
El acceso a la vivienda también agrava la brecha generacional. La intención de solicitar una hipoteca entre los miembros de la generación Z se ha desplomado, coincidiendo con el aumento de los precios y la escasez de oferta en las principales ciudades.
Además, los jóvenes son quienes perciben mayores dificultades para acceder al crédito, pese a considerar la financiación un elemento clave para alcanzar estabilidad económica. El resultado es un deterioro de la confianza financiera entre las nuevas generaciones en un contexto marcado por la inflación, la vivienda cara y la incertidumbre laboral.
