El movimiento marca un cambio de prioridades en la internacionalización del operador público, que busca ahora una entrada más ágil en el mercado luso. Así lo ha explicado el ministro Puente, en una entrevista con Europa Press, donde ha detallado que la compañía está trabajando en la homologación de los trenes de las series 106 y 107, fabricados por Talgo. Según ha señalado, se trata de modelos «muy adaptables al entorno portugués», en la medida en que parte de la red comparte el ancho ibérico con España, lo que facilitaría su implantación.
El ministro ha reconocido que este giro responde a las trabas regulatorias en Francia, donde Renfe, pese a operar ya en el sur del país, sigue encontrando dificultades para ampliar su presencia a grandes núcleos como París. «Hay que analizar la realidad y no empecinarse en cosas que parecen difíciles», ha afirmado Puente, quien ha subrayado que Portugal ofrece un entorno más favorable tanto por su desarrollo ferroviario como por la mayor sintonía institucional.
En este sentido, ha destacado que España y Portugal comparten el objetivo de reforzar su conexión ferroviaria, mientras que la presión ejercida sobre Francia para mejorar los enlaces transfronterizos ha tenido, hasta ahora, escaso impacto. Pese a ello, el Gobierno mantiene su compromiso de que las conexiones internacionales estén operativas en 2030, condicionadas al desarrollo de infraestructuras en los países vecinos.
La versatilidad de los trenes 106 y 107, capaces de operar en distintos tipos de vía, permitirá además un despliegue progresivo del servicio una vez se complete su homologación. No obstante, este calendario sigue condicionado por los retrasos en las entregas por parte de Talgo.
En este ámbito, Renfe acumula ya tensiones con el fabricante, al que impuso una penalización de 116 millones de euros por los retrasos en la serie 106. En cuanto a los trenes de la serie 107, que también acumulan cerca de dos años de demora, el ministro ha evitado adelantar nuevas sanciones y ha señalado que se evaluará la situación una vez se produzca la entrega. Más allá del caso concreto de Talgo, Puente ha advertido de que los problemas de capacidad industrial afectan al conjunto del sector ferroviario europeo, incluyendo a grandes fabricantes como Alstom, Siemens o Stadler. En este contexto, ha alertado del riesgo de que la falta de competitividad en plazos y costes abra la puerta a la entrada de fabricantes chinos en el mercado europeo. «No es de recibo que los tiempos de producción, entrega y certificación de un tren se sitúen en torno a los seis años», ha señalado el ministro, quien ha instado a Europa a tomar medidas para evitar un escenario similar al vivido en la industria automovilística.
