La subida meteórica que experimentó en marzo fue consecuencia del estallido de la guerra de Irán y el estancamiento de las negociaciones y la parálisis en el estrecho de Ormuz han provocado que se mantenga en esos niveles.
A día de hoy, seguimos previniendo una subida de tipos por parte del BCE en junio con casi total seguridad. En la última reunión, los responsables de la política monetaria europea ya debatieron la posibilidad de subirlos, y Lagarde lanzó un guiño a los mercados sugiriendo que lo harían en la próxima reunión. Aunque se produjera una extensión de la tregua entre Irán y Estados Unidos a corto plazo, creemos que el BCE no dará marcha atrás y subirá los tipos de interés el mes que viene para cubrirse las espaldas. Con este endurecimiento monetario, el BCE tratará de evitar que el encarecimiento de la energía se extienda al resto de los sectores de la economía y provoque efectos de segunda ronda, como, por ejemplo, una aceleración del crecimiento salarial.
Más allá de junio, el panorama monetario de la eurozona es algo más difuso. Si los precios del petróleo se mantienen por encima de los 90 dólares por barril de forma continuada, es probable que haya una segunda subida de tipos en la zona euro y, por lo tanto, que el Euribor a 12 meses se mantenga en niveles similares o ligeramente más altos a los actuales. Sin embargo, si se firma un acuerdo de paz y se consigue reanudar el flujo del estrecho de Ormuz, al menos parcialmente, las expectativas de una segunda subida de tipos se reducirían y el euríbor a 12 meses podría acabar el año por debajo de las cotas actuales, aunque no alcanzaría los niveles previos al conflicto.

