En relación con el PIB, la riqueza financiera neta se situó en el 161,8%, por encima del promedio del 150% registrado desde 2022. La riqueza financiera bruta también aumentó, con un incremento de 345.000 millones de euros en el último año, hasta representar el 209,7% del PIB.
Por su parte, la deuda de los hogares ascendió a 729.000 millones de euros, aunque su peso relativo se redujo hasta el 41,9% del PIB, el nivel más bajo desde 1999.
La mejora patrimonial se explica principalmente por la revalorización de los activos financieros, especialmente las participaciones en empresas y fondos de inversión. Además, se observó un ligero aumento de estas inversiones, mientras que el efectivo y los depósitos registraron una moderada disminución.
Las operaciones acumuladas de los últimos cuatro trimestres elevaron los activos financieros de los hogares hasta los 102.000 millones de euros, equivalentes al 5,9% del PIB, impulsadas sobre todo por las inversiones en fondos de inversión, depósitos, seguros y fondos de pensiones.
En el lado del pasivo, las transacciones netas aumentaron hasta el 3% del PIB, frente al promedio del 0,8% registrado desde 2022, debido al crecimiento tanto de los préstamos como de otros compromisos financieros.

