El estudio muestra que los inquilinos registran las rentas más bajas, con una renta mediana anual de 21.335 euros, mientras que los propietarios que alquilan una vivienda alcanzan los 50.959 euros. En el caso de los multiarrendadores (dos o más viviendas en alquiler), la renta mediana asciende a 80.375 euros, casi cuatro veces más que la de los hogares inquilinos. Los propietarios de su vivienda habitual presentan una renta mediana de 32.120 euros.
Las diferencias son aún mayores en términos patrimoniales. Los hogares inquilinos cuentan con una riqueza neta mediana de apenas 2.217 euros, frente a los 193.919 euros de los propietarios de su vivienda. Entre quienes obtienen ingresos por alquiler, la riqueza mediana alcanza los 407.975 euros, mientras que entre los multiarrendadores llega a 996.826 euros, unas 450 veces más que la de los inquilinos.
El informe señala que esta desigualdad se ha intensificado en las últimas décadas. En 2002, el 90% de los hogares concentraba el 65,4% de la riqueza residencial, porcentaje que cayó al 58,1% en 2022. Paralelamente, el 10% más rico aumentó su participación del 34,5% al 41,9%.
También destaca las dificultades de los jóvenes para acceder a la propiedad. La proporción de menores de 35 años propietarios de su vivienda pasó del 69,3% en 2011 al 31,8% en 2022.
Según el estudio, el encarecimiento de los alquileres y la revalorización de la vivienda benefician principalmente a quienes ya son propietarios, mientras reducen la capacidad de ahorro y acumulación patrimonial de los inquilinos, ampliando las diferencias económicas entre ambos grupos.
